El Centro Cultural y la Catedral de La Habana forman parte del mismo conjunto arquitectónico, el cual data de finales del siglo XVIII. Lo cual hace necesario un trabajo de mantenimiento permanente. La antigüedad de la construcción hace más costoso y frecuente el trabajo en cada concepto de mantenimiento o restauración.

La Fundación apoya en el mantenimiento permanente de todo el conjunto arquitectónico, toda vez que no puede separarse el Centro Cultural de la Catedral. Ésta última tiene sus propios ingresos, aunque son más que insuficientes para su sostenimiento.